El silencio de los borregos

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Quítale el óxido a tu lengua y prueba. Enfréntate a ellos, a ti mismo. No te acerques a ellos porque vienen con hambre. Hambre de poder. La ambición es un veneno que enferma. Quieren esclavizar. Quieren el alma de todo aquello que nazca sobre la tierra. Les divierte. Eso y el golf como deporte. Mírate. Eres un mierda. Eres un cualquiera. Eres una pulga en el culo de un perro. Una bacteria. Pero mil bacterias se asemejan al veneno más letal. Eres una hormiga, pero mil hormigas pueden aniquilar al intruso que intenta conquistar el hormiguero. ¿En qué cabeza cabe que no te quieras defender? Es absurdo. Quedarse quieto mientras a tu alrededor el sistema se consume desde el centro. Los que hacen funcionar. Los trabajadores. ¿Si sabes quiénes son los culpables, por qué no reúnes a todos tus compañeros de misma condición y le haces pagar tu miseria? La justicia y la ley son cuadros abstractos que generalmente se interpretan a gusto de un fiscal corrupto o un juez aburrido. ¿Por qué no tomar a justicia por tu cuenta? Vete a buscarle a su puesto de trabajo. Llévate unos calzoncillos de repuesto por si no lo consigues. Por si te acobardas. Saca un cuchillo y clávaselo en el corazón. Aprieta y gíralo para que salga la sangre sin presión. Abrázalo fuerte a ti. Que lo último que se lleve de esta tierra sea el gesto más humano de despedida. Lo único humano seguramente que habrá conocido en su vida. Mañana será otro día. Tu espíritu de psicópata te llevará más lejos o no.

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