Desinhíbome,

el

Pero que maldito desgraciado. No querer reconocerlo. Vivo en este planeta desdichado lleno de bocas de alcantarilla hambrientas por un trozo de mi aire. Desierto de asfalto y casas vacías, impotente. Ciudad inerte experta en sacar lo peor de ti a cambio de una gota de vida. Podría empezar una aventura de bar en bar un Lunes y volver a gatas un Domingo sin el más mínimo ápice de arrepentimiento en mi conciencia. Después de haber quemado todo mi dinero para que la llama del instante suba hasta el techo, una noche de San Juan, borracho. Me alegra hacer sonreír a mi alter ego. Demostrando mi impura vida de pobre íncubo del diablo le mantengo contento, y eso me hace a mi muy feliz. Siento que absorbo la esencia de todo lo que se cruza en mi camino. Siento que disfruto cada sorbo de vida y me relamo los labios frente a un muerto de sed aburrido por el bucle en el que se ha convertido su vida. Puta vida puta. Saltando depresiones, esquivando prejuicios, vomitando las palabras más duras que le dije a nadie nunca, a solas en mi cuarto. Extirpando el quiste.  Regurgitando las emociones para que no provoquen cáncer. O eso, o pudrirme tirado en un banco mientras el moho me viste de nueva temporada, tras mil lluvias. Madrid hace que tu alma se convierta en un coagulo, una flema fácil de escupir. Pero aquí no gana el que espute más lejos. Gana el que consiga tragarlo aun sintiendo la arcada que explote en tu boca la cena del día anterior. El esófago se deshincha aliviado. Pero sabe que mañana ocurrirá lo mismo. Saldrás tarde de trabajar deseoso de consumir el placebo que calma el dolor, despidiéndote de los hipócritas, trepas, chupa sangre, cabrones, y demás especies de la selva. Rayas, copas, pastillas, canutos. Un día el corazón te estallará por dentro llenándolo todo de sangre. Se pasarán más tiempo limpiándote la sangre putrefacta que te rellena que en tu misa. Pseudolibertad. Puta vida puta. A lo mejor soy el único humano que se ha planteado de verdad que es la vida y porque estamos en este mundo. No. Tranquilo. No soy tan egoísta como para pensarlo. Tengo cosas que hacer. Camellos a los que pagar, cientos de polvos por echar y muebles de Ikea que por alguna razón teológica debo comprar antes de que desaparezcan de stock. La vida era algo de lo que se ocupaban los filósofos en libros que nadie leía, decía Henry Miller. Hoy es un coñazo pensar en el sentido de la vida porque tengo la cabeza demasiado ocupada, y lo único que quiero hacer si pongo un pie fuera de la cama es estimular mi cuerpo con mierdas para olvidarme de ella. Solo tengo que dormir para que el ciclo vuelva al principio. Durmiendo pierdo horas de vida. Me da la sensación de que estoy en la barra de un lujoso bar con un vaso rebosante de whisky en el que todo el mundo que pasa mete una pajita y absorbe. No les importa derramarlo porque no es suyo. Pero, que maldito desgraciado soy. Rechazar el regalo de vivir en el pecado seria cortarse las venas. No entiendo por qué las religiones privan a la humanidad de todo aquello para lo que han sido creados. Eso es un tema aparte. El mundo que te rodea está hecho para que hagas lo que quieras con él. Suerte que he nacido en una de las ciudades más fiesteras del planeta y satisface mis necesidades fácilmente. Pero ¿no acaba siendo esa mi rutina? Olvidar los problemas ocupa un momento del día y un lugar en un baúl rebosante de trastos.

Disfruta de todo aquello para lo que se te ha creado. Disfruta del placer de comerte la cabeza y darle vueltas a las cosas. Las fronteras que derribas refuerzan tu carácter y tu criterio frente los problemas.

desinhibome

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.