Esta frustración se convierte en pena. Me agarra del cuello y estruja. Me mira desde abajao soriente y exclama -No puedes respirar. Son kilos de piedras cayendo por la garganta hasta sepultar el alma. Intentas coger aire como un náufrago en el silencio. Nada de lo que grito llega a oidos vigilantes. No hay vigilantes.
Mi angel de la guarda me pide calma. Levanta la cabeza y déjalo salir. Será como un volcan de emociones. Pero si no lo dejas salir, toda esa mierda te quemará por dentro como el odio.
Parece que cuando hablo caen casquillos de bala pero soy yo el único que sale herido. Por cada palabra un disparo a la nada imaginando la cara del rencor al vacio. No tiene sentido, ni pensarlo, ni darle importancia. Sería echar más piedras por esta garganta cansada de gritar ayuda. Cuanto más peso le des a un pensamiento, más doloroso será cuando estalle.
El rencor es el veneno que uno bebe esperando a que el otro muera.